Porque las mejores fotografías no siempre ocurren cuando están pensando en la cámara.
Hay algo que escucho con frecuencia de las parejas que están por casarse: “No somos muy buenos para las fotos.”
Y casi siempre les respondo lo mismo:
No tienen que serlo.
El día de su boda no quiero que sientan que tienen que convertirse en modelos, aprender a posar o pasar horas pensando en qué hacer con las manos.
Quiero que se sientan ustedes.
Que puedan abrazarse, caminar, reírse, mirarse, respirar un momento juntos y simplemente disfrutar lo que está pasando.
Porque para mí, fotografiar una boda no consiste únicamente en crear imágenes bonitas. También consiste en crear una experiencia en la que ustedes se sientan cómodos mientras esas imágenes suceden.
La naturalidad también se dirige
Existe la idea de que una fotografía natural significa que la pareja simplemente tiene que olvidarse de la cámara.
En realidad, no siempre funciona así.
Durante una boda hay momentos en los que sí voy a darles dirección. Les voy a decir dónde colocarse, cómo acercarse, hacia dónde caminar o dónde quiero que se detengan.
Pero la diferencia está en cómo se siente esa dirección.
No quiero que estén pensando:
“¿Lo estaré haciendo bien?”
Quiero que después de unos minutos piensen:
“Ah, esto es mucho más fácil de lo que imaginábamos.”
La dirección correcta no debería quitarles naturalidad.
Debería ayudarles a encontrarla.
Primero quiero que estén cómodos
Antes de pensar en una fotografía, pienso en ustedes.
En cómo se sienten juntos. En su personalidad. En la manera en la que se abrazan, se miran o se ríen.
Hay parejas más expresivas y otras más reservadas. Algunas disfrutan estar frente a la cámara y otras necesitan unos minutos para olvidarse de ella.
Y está bien.
No existe una única manera correcta de vivir ese momento.
Mi trabajo es observarlos y adaptar la experiencia a ustedes, no hacer que ustedes se adapten a una fórmula.
Por eso muchas veces empezamos con algo tan sencillo como caminar juntos, platicar o simplemente estar cerca.
Poco a poco, la cámara deja de sentirse como algo que está “ahí”.
Y comienza a formar parte del momento.
Quiero fotografías que se sientan como ustedes
Una boda está llena de momentos espontáneos.
Una mirada durante la ceremonia.
La forma en la que alguien aprieta la mano de su pareja.
Una carcajada que aparece en medio de una fotografía.
El abrazo de sus padres.
Un pequeño momento de calma antes de entrar a la recepción.
La manera en la que se buscan entre cientos de personas.
Esos momentos no se pueden fabricar.
Pero sí se pueden observar, anticipar y fotografiar.
Por eso, además de crear fotografías cuidadosamente dirigidas, busco constantemente esos pequeños momentos que suceden alrededor de ustedes.
Porque cuando vuelvan a ver sus fotografías dentro de cinco, diez o veinte años, quiero que no solamente recuerden cómo se veían.
Quiero que recuerden cómo se sentían.
Y sí, vamos a hacer fotografías increíbles de ustedes dos
También quiero ser muy claro con algo:
Natural no significa improvisado.
Hay momentos del día en los que vamos a crear fotografías con intención.
Voy a cuidar la luz, el lugar, la composición, la ropa, la postura y cada pequeño detalle que haga que una imagen se sienta editorial y atemporal.
Pero dentro de esa fotografía quiero que sigan siendo ustedes.
Una mano que busca a la otra.
Una sonrisa que aparece sin pedirla.
Un abrazo más fuerte de lo necesario.
Una mirada que dura un segundo más.
Una pequeña risa porque algo les dio pena.
Esos pequeños detalles son los que hacen que una fotografía cuidadosamente creada siga sintiéndose real.
Mi objetivo: que disfruten, no que “trabajen” para las fotos
El día de su boda pasa increíblemente rápido.
Por eso no quiero que recuerden su sesión de fotos como una obligación que tenían que cumplir entre la ceremonia y la recepción.
Quiero que recuerden ese tiempo como uno de los pequeños momentos que tuvieron para estar juntos.
Un respiro.
Un momento para mirarse.
Para caminar.
Para disfrutar que finalmente están casados.
Y mientras ustedes viven ese momento, yo hago mi trabajo.
Observo.
Anticipo.
Dirijo cuando hace falta.
Espero cuando es mejor no intervenir.
Y fotografío.
Muchas fotografías.
Algunas perfectamente planeadas.
Otras completamente inesperadas.
Todas con la intención de contar su historia de una manera honesta, elegante y emocional.
Al final, no se trata de saber posar
Se trata de confiar.
En ustedes.
En el proceso.
Y en la persona que está detrás de la cámara.
Porque cuando una pareja se siente cómoda, algo cambia.
Los hombros se relajan.
Las sonrisas dejan de sentirse conscientes.
Los abrazos se vuelven más naturales.
Y poco a poco dejan de pensar en la fotografía.
Simplemente están juntos.
Y ahí es donde empiezan a suceder mis fotografías favoritas.
No quiero que el día de su boda se sienta como una sesión de fotos.
Quiero que se sienta como su boda.
Y que cuando vean sus imágenes años después, puedan reconocer algo mucho más importante que una pose perfecta: a ustedes mismos.



